‘Croissant’ por Oriol Balaguer

febrero 21, 2015

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Dicen los que entienden de esto que los mejores croissants son los que al primer mordisco te quedas llena de migas. Crujientes por fuera, con aromas de mantequilla por dentro,  y eso sí, los dedos bien aceitosos.

 

Una chica que me dobla la estatura se quita el abrigo peludo de lana gris merengue, se queda en tirantes blancos y continua caminando hacia la Ciutadella. Yo en cambio cruzo la puerta de La Xocolateria de Oriol Balaguer y me adentro en un oasis de aceros y dorados donde suena Gingle Bells en versión jazz. Arrastro los ojos por el aparador salteando recipientes de cristal con senefas bonitas que guardan galletas, ‘rosegons’ y pasteles de palomitas. Tengo la sensación que no es la primera vez que veo este lugar, que ya he estado allí, pero lejos de Barcelona, a lo mejor en Londres o en Nueva York. El ambiente me trae recuerdos ficticios de joyerías londinenses con luces cálidas y redondas, y aparadores gigantes de cristal. El mapamundi del final, hecho de baldosas en tonos ocre, me transporta al despacho de un profesor de antropología de Oxford con butacas de terciopelo verde y luces triangulares hechas de humo de pipa.  Y en la misma sala, en la pared inmediata, una cascada de cajones de madera perfectamente calculados me llevan hasta la tienda de baritas mágicas de Harry Potter.

-Es verdad que vuestro croissant es el mejor de España? – Pregunta el único hombre de la tienda, que con los ojos dolorosamente abiertos se esfuerza por dejar de mirar la fuente de chocolate fundido 72% cacao.

– Lo es. – Contesta la chica joven, con la bayeta en la mano, a punto de moverse.

Se ve que sí, como muy bien indican los carteles que te guían hacia la caja registradora donde pagas por un agujero y te devuelven el cambio por otro. Y si no lo es tengo el jersey lleno de migas y las puntas de los dedos me brillan con aromas mantecosos.

 

 

 

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1 Comment

  • Reply Txell marzo 28, 2015 at 3:18 pm

    Sóc croissanera, croasanítica maniàtica des que ma mare em portava, dia sí, dia no (el dia que no, era perquè tocava brioix), un croissant per berenar quan tornava de la feina. Per mi, el croissant ha de ser de llard: primer les banyes, torradetes si pot ser, i després la resta, descargolada poc a poc, que duri…
    Però el de mantega, que bonic que l’has fet! Que delicat i fràgil dins el somni torrat de can Balaguer! Regina en terra de meravelles!
    Trobava a faltar els teus esmorzars.
    I el nou format m’encanta: curt i dens com un cafè.

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